Aquella china trigueña habanera

Newsoncuba.com | Sergio Berrocal Jr  

“Cuenta la leyenda que antiguamente la gente creía que, cuando alguien moría, un cuervo se llevaba su alma a la tierra de los muertos. Pero a veces sucede algo tan horrible que, junto con el alma, el cuervo se lleva su profunda tristeza y el alma no puede descansar. Y a veces, sólo a veces, cuando existe el verdadero amor aquel pájaro de color azabache devuelve a la tierra aquel sentimiento a quien lo perdió a través de algún antepasado para que este pueda conocer la felicidad en reconocimiento”. El verano se había metido de lleno en aquella ciudad habanera bañadas por las aguas del malecón tal y como aparecen aquellas auroras boreales en aquellos lejanos confines del mundo.   En aquellos días Luis era uno de aquellos jóvenes reporteros que quería comerse el mundo. Le gustaba habanear por aquellas calles pese al sol que barría aquellos caminos.Sin embargo, Luis no podía apartar el recuerdo de aquella trigueña que conoció días antes en casa de unos tíos suyos.En aquellos lares se sabía que sus tíos mitad napolitanos y mitad habaneros eran reconocidos intelectuales de alto calibre en aquellas noches habaneras que se solían codear con lo mejorcito de aquella vieja ciudad. Fuera como fuese, el recuerdo de aquella trigueña invadía todos los pensamientos de aquel muchacho que había llegado a la isla después del fallecimiento de una de sus hermanas en un accidente de carretera.Una de las tantas noches en la cual recorría aquellos largos pasillos de una casa que alquilaba cerca de la famosa calle Obispo. Luis decide llamar a casa de sus tíos para saber si algo se sabía de aquella trigueña que invadía todos sus pensamientos y sentidos. En aquella casa del municipio playa aquel teléfono sonó y sonó otra vez hasta que aquel tío de origen napolitano tomó la llamada:

– Soy Luisito. ¿Cómo anda la cosa por allá, como está mi tía bella?

– Mijo ya tu sabes, tu tía salió a buscar la jama y debía pasar por 19 y 42 por cuestión del trabajo de ella. Pero ella vira en un rato.

Oye mi tío ¿tú sabes alguna cosa de aquella trigueña que andaba por la casa el fin de semana pasado?

Pero aquel cubano – napolitano que era perro viejo aun sabiendo que él quería que aquellos dos se empataran le respondió.

– ¿Tú dices la amiga de tu tía? No, yo no la vi desde aquel día que estuvimos compartiendo aquí ¿porque tu pregunta?, ¿que tú quieres con ella?”.

–Ayy mi tío de verdad yo necesito que usted me dé una mano con ella porque no dejo de pensar en esa trigueña de verdad que no y no consigo centrarme en el periódico. Por favor hable usted con mi tía al respecto.

Del otro lado de la línea aquel tío suyo tenía la sonrisa en la cara, pues desde aquel momento supo que aquellos ojos de color canela y piel morena habían tocado de lleno a aquel sobrino suyo en lo más profundo de su ser. Desanimado Luis se despidió de su tío y colgó el teléfono para refugiar sus penas en una botellita de güisque importado que un amigo le había regalado. Los días fueron pasando uno tras otro sin importarle lo que podía ocurrir a su alrededor hasta que su redactor jefe lo llamara a su casa para preguntarle si ya tenía listo aquel artículo que debía ir en primera portada de la edición matinal. Cuando le respondió que aquella nota ya estaba lista el redactor jefe medio apurado le pidió que se preparase para partir en el primer vuelo con destino a Paris pues en la redacción se tuvo noticias de que una panda de terrorista planeaba secuestrar un vuelo de Aire France de forma a presionar el gobierno galo que tenían por entonces retenidos unos terroristas argelinos de la peor especie. Sin mediar palabra Luis partió aquella misma noche dirección Paris Charle de Gaulle sin saber cuándo volvería a ver aquella Habana que tanto amaba.

El drama comenzó durante una Nochebuena cualquiera, cuando cuatro terroristas, disfrazados de oficiales de policía presidencial argelinos, abordaron un Airbus con más de doscientos pasajeros.Por aquel entonces las autoridades francesas no eran ajenas al peligro que corrían, sobre todo las que tenía por destino la República Argelina, no eran pocos los que albergaban resentimiento contra el país. Con este escenario, los vuelos de Air France estaban compuestos enteramente por tripulantes que se habían ofrecido como voluntarios para cubrir la ruta. La tensión era de un nivel tal que la aerolínea le había consultado al Gobierno si realmente tenía que seguir cubriéndola. Pero para el momento del hecho, no habían recibido respuesta.

Inicialmente, la presencia de los “oficiales” en el avión no fue motivo de alarma. Dos de los hombres comenzaron a inspeccionar los pasaportes de los pasajeros, otro fue a la cabina, y el último mantuvo guardia. Sin embargo, poco después de que abordaran, un tripulante de a bordo advirtió que todos estaban armados algo que no era común y uno de ellos tenía una barra de dinamita.Habían elegido el avión como objetivo pues consideraban a Air France un símbolo de invasión extranjera llena de infieles. Luis quien veía desde la torre de control que la cosa se ponía seria decide llamar a casa de sus tíos quien desconocía que el joven reportero partió lejos de aquella tierra para cubrir con conflicto armado en toda regla. Eran algo más de las siete de la mañana cuando el teléfono sonó del otro lado del charco en aquel municipio cubano separado del barrio de Marianao desde 1976. Desde el otro lado, aquel tío italocubano quien podía haber inspirado a directores como Martin Scorsese para borronear el guion de aquella mítica película titulada Goodfellas “Uno de los nuestros” levanto aquel receptor apostado en una esquina de la sala preguntando:

– ¡Oigo!, ¿Quién habla? ¡Oigo!,

Del otro lado del cable y con una pésima comunicación Luis trata de comunicarse con aquel tío suyo.

–   – Oye … tio ¿¿¿tú me escuchas??? …Soy Luissssss, tuve que salir de La Habana para cubrir una noticia. Estoy en Paris voy a tardar unos días en regresar.

–   -ajan …Si está bien sí… escuchó… ajan ya ok yo aviso a tu tía entonces, sin problema pipo dale te queremos.

 Luis colgó minutos después colocando aquel móvil en modo avión de manera a no interferir en las comunicaciones de aquella torre de control.

Algunos minutos después el capitán de aquella aeronave consigue comunicarse con la torre de control: “Mayday Mayday, vuelo 898.989 de Aire France a torre de control, código de emergía 7500 activado, el avión fue tomado por un grupo radical argelino. Solicito activación del protocolo de emergencia alfa bravo”. Al mismo tiempo que aquella comunicación entre la torre de control y el piloto tenía lugar el supervisor que se encontraba pendiente de lo que pasaba da sin ningún miramiento la orden de activar el protocolo de emergencia. De origen asturiano y con cara de pocos amigos Luis que conocía muy bien aquel perro viejo de la aeronáutica le escucha decir por radio:

“Que nadie me toque los cojones… Llamen al GIGN de inmediato protocolo de emergencia alfa bravo activado. Más de doscientos rehenes y cuatro secuestrados que alguien llame GIGN al SWAT o a la puta madre que les pario a todos… pero ya”. Estaba claro, la cosa era mucho más seria de lo que se podía pensar… Hacer llamar aquellos hombres enmascarados no era una broma. Creados tras la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, aquellos individuos tenían fama de ser especialistas en situaciones de máximo riesgo.

No pasaron ni quince minutos cuando aquel capitán se cuadró delante de aquel supervisor que apenas había encendido su cigarrillo para intentar templar sus nervios.

–   Soy el capitán Wahlberg, ¿cuál es la situación actual?

Nervioso y sin poder controlarse el supervisor ahoga el cigarrillo en un cenicero cercano y replica:

–   Coño, si usted no lo saben menos lo voy a saber yo… Putain de merde les mec… tenemos en actualidad cuatro secuestrados y más de doscientos pasajeros. Dejen de romperme los cojones y soluciones esta mierda ya, faite pas chier Putain de merde. En qué hora me levante de la cama. Coñooo”.

De repente aquel oficial decide intentar una táctica poco convencional y para ello era imperativo un cebo humano. Se trataba de hacer pasar un peón impuesto por el capitán por un alto cargo del ministerio de manera a poder eliminar la amenaza en menos de un minuto.  Sin comerlo ni beberlo aquel joven reportero se vio envuelto en aquella historia. Protegido únicamente por un chaleco antibala Luis se ve envuelto en el fuego cruzado. Pero lo que no sabía es que aquel oficial había dispuesto un franco tirador capaz de hacer diana a mil quinientos metros de distancia en una moneda por más chiquita que fuese. Al llegar a un lugar de la pista de aterrizaje previamente señalada, un negociador trata de hacer salir el principal terrorista apostado en la cabina para que aquella unidad de elite pueda neutralizar la amenaza y dar el salto definitivo.  Mientras el dispositivo se pone en marcha, aquel negociador deja saber al responsable de la unidad que se trataría de cuatro objetivos argelinos originario de séltif y exigen una entrevista con algún representante ministerial.

Segundo más tarde aquel negociador prendió el altavoz y dijo:  Eyy, el de la aeronave el representante del ministerio está aquí mira ha venido señalando aquel reportero.

Aprovechando el despiste del terrorista que estaba encañonando al piloto con una nueve milímetros el tirador apostado estratégicamente en lo más alto de la pista efectúa el disparo neutralizando el primer objetivo. El asalto dado, aquella unidad de elite penetra en la aeronave. Las órdenes son claras eliminar la amenaza. Para ello, el capitán Wahlberg jefe de aquella unidad decide usar la misma técnica que en Yibutí. Un único tiro coordinado. Los piratas abatidos, la operación había durado tres días y tres noches. Inconscientes de las consecuencias, todos los medios estaban televisando al vivo la noticia.  Del otro lado del charco el noticiero cubano relataba a su vez en imágenes lo sucedido en el aeropuerto Charle de Gaulle. No lejos del antiguo mercado de cuatro caminos aquella trigueña que tanto Luis rebusco atiende el noticiero en una pequeña telecita ubicada en la cocina mientras preparaba la cena. Con los medios presentes en el lugar gran parte del asalto se había conseguido grabar y conseguido retransmitir.

Cuando aquella trigueña reparo en la presencia de Luisito exclamo “Ayy dios miooooo…” dejando botado todo al su alrededor corrió agarrar el teléfono para avisar a los tíos del muchacho que estaban totalmente ajeno a lo sucedido.

El teléfono sonó una y otra vez en aquella casa de forma continuada hasta que al fin levantaron aquel antiguo receptor.

–   ¡Oigo!, ¿Quién haba?

Oye soy la china, ¿estáis viendo el noticiero? Mira tú sobrino donde se metió. Están hablando del vuelo secuestrado de Aire France y parece que Luisito actuó de intermediario para hacer salir los piratas candela…. Por favor mira ver y me dejas saber ¿sí?

– Asere, pero ¿qué le pasa a Luisito? Déjame que avise su tía a ver que hacemos después te tiro.

Fracciones de minutos después aquel napolitano transcribe un mensaje al celular del reportero. “Soy tu tio. Estamos preocupado nos dijo la jevita que tanto te gusta que te metiste en tremenda baracera. Llámanos de Inmediato he dicho.!” Segundo después otro mensaje es enviado: “Soy tu tio. Este es el número de la jevita llámala esta extremadamente preocupado he dicho.!”

 Al llegar al hotel donde paraba Luis encuentra aquellos mensajes de textos desfilando uno detrás del otro. Aquella misma noche el periodista que había participado involuntariamente a la liberación de aquellos rehenes llama para tranquilizar a los suyos. El tío de Luis sabiendo que había teniendo unos años antes una relación tormentosa con una mujer algo mayor y totalmente desubicada exclamo:

–   “ Luisito déjame decirte que aquella trigueña llamo muy preocupada por lo sucedido. Esta chica no tiene nada que ver con lo que tú has podido conocer es una mujer seria. Si tú de verdad quieres estar con ella ponte para ella ahora mismo y llámala, te queremos”. En la madrugada de aquella noche Luis y aquella trigueña comenzaron a comunicarse, con el tiempo adquirieron tal compromiso que unos años más tarde ya de vuelta en aquella habana ambos se casaron sin jamás separase el uno del otro. Se podía decir que en el aire reinaba una simbiosis entre ambos muchachos nunca vista. Un día paseando por el malecón habanero de la mano y entre carisias escondidas se encuentran de la nada con un viejo habanero que les explico que en su juventud se había consagrado al culto de Ifá. Con un semblante serio, vestido entero de blanco y collares religiosos, apoyado en un bastón que bien parecía antiguo exclamo:

“Vuestra relación esta bendecida por los dioses, dice Ifá que lo que está escrito no se puede borrar”.

Sonrientes ambos muchachos siguieron su camino, pero curiosos de saber un poco más, cuando ojearon para ver donde estaba aquel viejito se percataron que   había desaparecido.Fue entonces cuando Luis recordó aquella leyenda en la cual se decía que un cuervo de color azabache a veces, sólo a veces, cuando existe el verdadero amor devuelve a la tierra aquel sentimiento a quien lo perdió atreves de algún antepasado para que este pueda conocer la felicidad en reconocimiento.

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