Aquellos amigos muertos

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

De pronto, en esta vida de mierda que nos rodea, con un bicho de muerte que vino de china Dios sabe por qué y que quiere terminar con nuestras vidas, cuando te das cuenta de que tu existencia no vale más que una vacuna, que aparte el bien que te pueda hacer es también el vértice de un gran negocio a nivel mundial, te preguntas si valía la pena llegar hasta aquí. No te queda ni el cine como remedio a todos los males, porque el cine ya no existe. No hay nada nuevo en pantallas apagadas o encendidas con el coronavirus rondando, y las nuevas “películas” son en su mayoría bestialidades ideada por gente de la televisión que quiere ser cineasta.

Toda mi vida he sido un amante del cine como remedio a mis angustias porque en él encontraba héroes que me enseñaban, situaciones que me guiaban. Puede parecer infantil pero cada cual encuentra en la vida el medio de soportarla. Y en ese cine tenía muchos amigos que, por supuesto, no sabían ni que yo existía. Eran los actores. Esos amigos míos del cine han muerto o están como yo, a expensas de un permiso que les deje llegar al verano o un poco más lejos. Y no le hablo de todos mis amigos norteamericanos, de Gary Cooper a decenas de otros.

Afortunadamente hay esos teléfonos de los que tanto mal decimos pero que en realidad son una tercera columna introducida por los deudos de los muertos. Te dejan ver trailers de grandes películas, sobre todo francesas, y casi siempre cómicas o con actores de primer plano. Y durante el rato que estás visionando oyes la voz viril y sin réplica de Lino Ventura, que quiere coger y aplastar a una alimaña de bandido que mata sin piedad en París. Pero es verdad que ya no hay alimañas, todos son hijos de Dios. En España, uno de los más altos cargos de la organización terrorista vasca ETA, pronto será diputado, ministro o quizá Papa. Porque vivimos en un mundo donde esos terroristas llamados etarras que mataron a mansalva, sin la menor piedad, a gente inocente, que no había hecho más que vivir, están en la cárcel por poco tiempo. Y poco a poco de la prisión actual, como en un parchís maldito, le hacen saltar a una prisión más cerca del País Vasco, la patria de esos asesinos, y un día de esto los ponen en libertad.

Es verdad que ya no hay más moral que el dinero de los bandidos que reinan en Europa. Imagino qué les hubiera dicho el actor Jean Gabin en el papel de un juez, de un comisario, el comisario Maigret fue una de sus buenas interpretaciones, a esos terroristas de verdad y que cuando salgan “arrepentidos” probablemente volverán a extorsionar, a matar. Pero no nos queda ni el genial Coluche, el cómico francés que se convirtió en un formidable actor con corazón tan bien puesto que los comedores para los desahuciados de la vida los creo él, con su dinero. Coluche, que tuvo el capricho de que fuese yo quien le entrevistara cuando iba a presentarse a Presidente de la República, él, el cómico cachondo, con una voz tan singular que nadie ha podido imitarle. Y los compañeros de Informe Semanal de Televisión Española tuvieron que jorobarse porque el payaso, que hubiese podido ser presidente, me había elegido a mí. Joderos, bandidos.

En realidad a Coluche le pasó lo que a Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel peruano, que me contó una vez que cuando lo metieron en política estaba a punto de presentarse para Presidente de Perú, en una época en que era un país todavía más difícil que puede serlo hoy. “Pero cuando vi que un día que salíamos en coche con mis guardaespaldas, uno de ello, me pegó un empujón y me tiró al suelo del auto, me dije que aquello no era para mí”, me contó el que entonces había sido compañero de redacción de la Agencia France Presse. Estoy seguro que a Coluche, el maravilloso payaso que hacía llorar, le ocurrió algo parecido. La política no es para la gente buena. Es cosa de bestias pardas que cuando se tocan el pecho es para verificar si alguno de sus secuaces político no le ha quitado la cartera en un descuido.

Todos esos amigos de lo imposible han muerto y no me refiero a Mario, claro. Bourvil, otro cómico francés que nunca amé pero que tenía buenas caídas, Fernandel, el genio, Jean Gabin, con él que “rodé” treinta segundos de película a su lado, yo como periodista entrometido y él como el Comisario Maigret que odiaba a la prensa. Creo que la película se titulaba “Le rouge est mis”.

Luis de Funes, hijo de una pareja de españoles en la Francia de los años de hambre en España, se convirtió en el cómico más célebre de Francia. El único. También le conocí pero tampoco está para hacerme reír y quitarme el miedo.

Nos queda Belmondo de cabellos blancos y diente de león. Todavía aguanta a sus 87 años y que siga así. Pero la mayoría de aquellos amigos que no lo eran pero que tú los considerabas como tales porque siempre estaban en una sala de cine para quitarte las telarañas de las penas, mis amigos, han muerto. Todos ellos eran capaces de distraerte y hacerte pensar otra cosa. Pero se fueron y nos han dejado solos con una pandemia que, curiosamente, ya se acabó totalmente en el país que la produjo, China. Pero, claro, la política nada tiene que ver…

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