Calle Mayor, Habana

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

He salido por primera vez a la calle después de un año, dos semanas y seis días atrincherado en mi casa por temor al coronavirus. He ido a la biblioteca municipal. Me ha parecido la sala de espera de una funeraria. No había nadie, suponiendo que los libros no sean nadie. Hemos hablado con una de las bibliotecarias que sonreía como si estuviese en la feria. Será la emoción de verme. Alguien dijo que había desaparecido. La verdad es que a veces no me encuentran porque me escondo entre los libros de Hemingway y Emilia Pardo Bazán.

Me tropiezo con un libro de Padura y su estupendo detective Mario Conde. Era otra época. Todavía no había bichos chinos amenazantes aunque los muertos ya se contaban por cientos, sobre todo viejos, que son los más combustibles. Qué tiempos más bonitos los de la Cuba de Padura. El policía guapo, risueño y decente, el buen ron, el amor, pero ni rastro de las extravagantes colas de la comida. En mi isla, a ocho mil kilómetros de La Habana, hay colas del hambre. Pero yo creía que el hambre no se compraba. He debido equivocarme. En La Habana solo veía colas en el cine Yara, para los estrenos del Festival de Cine.

Se acabaron los tiempos de Padura. Ahora es el duro laboro en busca de comida, de gasolina y de uno mismo. Ay, mi Cuba cuánto has cambiado y en la revista Facebook los servicios de propaganda cubanos no hacen más que fiesta tras fiesta en fotos y con mujeres bellas. La fiesta de la amistad, la fiesta de no se qué y ahora creo que vamos por la fiesta del Periodista, lo que es realmente curioso en un país donde no se respeta más que el periodismo que dictan los que mandan.

Yo estaría desesperado si fuera cubano de Cuba. Aunque todo el mundo se queja. Mi esposa acaba de regresar de hacer cuatro horas de cola en el ambulatorio médico de esta islita tan mona antes del bicho para conseguir 1/un lugar para que vacunen al Junior, 2/una inyección de no se qué y 3/ diligencias varias. Como La Habana. Qué bien. Pronto saldremos en Facebook arrastrados por la propaganda de La Habana, que por cierto debe de costarle muy cara porque los yanquis, propietarios de la publicación, no dan nada por casualidad. Será que Obama ha vuelto y prepara una gira por el mundo entero para exhibir su trofeo del Nobel de la Paz, obtenido, concedido, por nada. Pero se hacen muchas cosas así, como borrar las firmas del restaurante “La bodeguita de en medio”. Y yo me pregunto: ¿será un acto subversivo? Porque nunca se sabe. He estado pensado en pedir daños y perjuicios a los judas de la bodega, porque allí estaba mi firma y la de algunos amigos hoy desaparecidos. Carroñeros estúpidos. Así va Cuba.

Las calles de mi isla ya tampoco son las mismas. La gente no parece andar sino saltar sobre minas. Imaginación mía. Y, díganme, carroñeros, ¿qué va a ser del béisbol cubano si como cuentan en este país se van yendo de Cuba a la chita callando. Pero seguro que ya no lo hacen cuando el avión aterriza en Gander, porque ya no aterriza en Gander. Cualquier día se va el gobierno o los comunistas, o todos juntos y se instalan en Cayo Largo.

Me jode profundamente que gente que conozco, algunos amigos, estén pasando penalidades en La Habana, ni les hablo del campo, por un puñado de frijoles. Qué asco, virgencita de la Caridad del Cobre, y tu hijo, el Jesús, sí, cómo lo permite y no entra donde tiene que entrar y los saca a todos con el culo al aire a zurriagazo limpio.

Me cuentan que ya soltaron al muchacho ese de la huelga de hambre y que era poeta o que cantaba, no sé muy bien, porque a mi edad ya se me cruzan los hilos telefónicos. Puta vida.

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