Candyman

Sergio Berrocal Jr | Newsoncuba España

Aunque no hubieras visto Candyman, sabías que no debías decir su nombre cinco veces. En 1992, la seductora obra maestra de terror de Bernard Rose inspiró un trauma colectivo sobre las abejas, los espejos y la inquietante obra al piano del compositor Philip Glass. Invoca por tu cuenta y riesgo al Candyman, nos decía la película, y su mensaje salía del cine y llegaba a los patios de recreo de todo el mundo, donde se extendía entre los niños demasiado pequeños para verlo. Candyman, un espectro imponente, torturado y sensual, con un garfio en la mano, aparecía en el espejo y te mataba si decías su nombre cinco veces seguidas. Casi 30 años después, Candyman está de vuelta, por si acaso lo has olvidado.

En manos de la cineasta Nia DaCosta, el nuevo Candyman -secuela directa de la película de 1992- enriquece los temas que cuajan bajo la superficie del original. Aclara algunas de las lógicas más confusas de la obra de Rose, y reconfigura al propio Candyman no sólo como una figura terrorífica del folclore moderno, sino como una encarnación del trauma generacional a lo largo de las décadas.

DaCosta, que también coescribió la película con el ganador del Oscar Jordan Peele (Get Out) y el productor Win Rosenfeld, sabía que sería una tarea hercúlea continuar la historia de Candyman, sobre todo cuando la película original se metió con tanto éxito bajo nuestra piel. Pero entonces pensó en por qué afectó a tanta gente. “Cuando pienso en las películas de terror con las que crecí, la mayoría tenían lugar en los suburbios”, recuerda. “Pienso en películas como Halloween, que suelen tratar sobre asesinos en serie implacables, o sobre el hastío de los suburbios. Eran cosas que no entendía como persona que vivía en una gran ciudad. Candyman se sentía más cerca de casa”. Como en cualquier ciudad en expansión, ambas películas dan la sensación de estar muy ocupadas y, a la vez, de estar opresivamente aisladas. En Candyman, de Rose, una joven estudiante de posgrado (Virginia Madsen) investiga las historias de un asesino con manos de gancho (Tony Todd) que masacra a los residentes del proyecto de viviendas Cabrini-Green de Chicago. Situado en la periferia de los edificios de apartamentos de lujo, el bloque de pisos es un monumento vivo a la violencia y la desigualdad racial.

En la secuela, Cabrini-Green ha sido demolido y sustituido por un nuevo desfile de viviendas caras, y el artista bloqueado Anthony (el ridículamente carismático Yahya Abdul-Mateen II) elige tanto su trágica historia como la leyenda de Candyman como su última inspiración. Pronto descubre escalofriantes vínculos entre su propia educación y el violento pasado de Cabrini-Green, todo ello al margen de una nueva oleada de asesinatos.

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