Cualquier cosa

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

Escribe escribidor escribe que hay que acabar de contar la historia de aquella actriz de las que te enamoraste en una sala vacía. Esta noche me desperté con Uma Thurman que acababa de bailar ese baile de Pulp Fiction con John Travolta, que se avergüenza delante de ella. Cuando él se fue, ella estaba entre las sábanas y durante un largo rato hablamos de muchas cosas, ella parle francés porque se educó en el exquisito Couvent des Oiseaux, allá en la Suiza donde para perder la virginidad las muchachas de buena familia tenían que pedir licencia a la Madre superiora. Cuando se cansó de contarme cosas con su francés florido, apagó la luz y nos acurrucamos. Bailamos el twist con un juego de piernas endiablado y cuando no pudo más soltó un alarido medio salvaje y se dio la vuelta.

Amanecí tonto de los riñones para arriba. Ella se había ido y yo tenía que irme. Antes de caer rendidos habíamos dicho que nos veríamos en el Café Bagdad, un modesto lugar de copas y cafe con leche para los menos afortunados que conozco desde que llegué a esta isla africana. Cuando me levanté me encontré enredada en una sábana la pieza más bonita de la vestimenta de la muchacha. La cogí y me la metí en un bolsillo. Luego me diría que era un regalo, en lugar de un autógrafo. Me he despertado soñando, lleno de confusión. Sé que todo lo que pasa mientras duermo son sueños muy realistas pero sueños. Solo actuó cuando estoy despierto y entonces prefiero arremolinarme en un rincón de mi sofá y leer a Proust en español, porque tenía tantos problemas como yo. Sé que nadie le amaba, como a mí. Ellas dicen que soy más mujer que ellas y que les doy miedo. No les gustan los esclavos, como a mí me gusta ser cuando una mujer me gusta. Me vuelvo tonto, hasta le doy mi último billete para que vuelva a ponerse una braga nueva en un taxi amarillo de Manhattan.

He tenido dos esposas y las dos decían lo mismo. Sirves para engendrar, eres muy atento y modosito pero nunca serás un buen amante. Y eso que no me siento más que solo, como disecado, como si no existiera, como si fuera un florero de la casa. ¿Quién habla con una silla? Yo. Y suelo dormir en la silla porque ella me comprende. No tiene ni sexo. Me siento invisible durante todo el día, salvo en los momentos de pagar facturas y cumplir con los deberes de amito de casa. Luego desaparezco aunque estoy al lado de la radio y de Dalida que canta y canta y no deja de cantar.
Entre dos pastillas veo una película de pago en la tele. Me hago ilusiones. La protagonista de “Madame Buterflay” me guiñó el ojo derecho durante la última proyección mientras yo buscaba desesperadamente la segunda pastilla de las tres. Cuando se sale de la pantalla me manda un beso y me ayuda a tomarme la cuarta pastilla. Me ha traído una cajita de Prozac, es como un recuerdo navideño. Por lo visto las tomaban mucho en el couvent des Oiseaux. Qué cosas, Jesús. Que no me lo creo.

Entre dos pastillas a veces rezo y me pongo en la radio una emisora de curas, hay unas voces femeninas muy bellas y que me gustaría conocer. Conocer la voz de una mujer es ganar medio paraíso. Y si mientras la palpas le sacas una sonrisa, eres campeón. He decidido que mientras escucho la santa Misa escribiré en el aire con tinta china. Así me acordaré de lo que quería decir.Unma me acompaña a veces. Dice que soy para ello como un hermanito pobre y despedazado por el tigre aquel del siglo que no tenía dientes hasta que le compraron un aparato nuevo, donativo de un domador de elefantes., Pero me hace cosas que no están en las reglas entre hermanos. Le proponga bailar el twist. Y ella se enreda de tal forma que un agente federal la detendría si ella no fuera quien es.

Sin sueño, claro, todo en mi vida son sueños. Sueño para sentarme al almuerzo, porque no me importa lo que como. Otro tanto para la cena. Y no me emborracho demasiado porque ya no sé y por qué no tengo compañero para brindar. Beber es como hacer el amor, solo en pareja, sino no es más que una miserable abstracción personal llamada paja. No como pero duermo. Quien duerme, cena, decían en Villanueva de Algaidas, que es un pueblo perdido por una curva muy pronunciada donde James Dean se mató con su coche caro, coche de pujo. Pero los de la funeraria dicen que no se le cayó el tupe. Un poquito de laca, y hala para el cementerio.

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