Cuestion de sangre

Sergio Berrocal Jr | Newsoncuba España

En la siempre a reivindicar Spotlight, Tom McCarthy atemperaba la épica habitual en los relatos sobre gestas periodísticas reivindicando que la denuncia por parte de la prensa del papel del obispado de Boston en los casos de pedofilia era fruto de un trabajo colaborativo, persistente y cotidiano, y no de una labor heroica. Parte de esta idea se mantiene en Cuestión de sangre, un thriller dramático de aires clásicos sobre un padre de clase trabajadora, Bill (Matt Damon), que viaja a Francia con la intención de sacar de la cárcel a su hija condenada allí por el presunto asesinato de su novia. A partir de la llegada a Marsella del protagonista, la película revierte el patrón del héroe estadounidense común que lucha por su familia contra un sistema injusto en una tierra considerada hostil. Bill asume enseguida que en su misión necesita de la ayuda inesperada en este caso de una actriz francesa, Virginie (Camille Cottin). Y así el film desarrolla la relación a priori imposible entre dos personajes que en otras manos habrían quedado reducidos a arquetipos culturales: Bill, el clásico votante de Trump, hombre de mediana edad, clase trabajadora, conservador y religioso, y Virginie, la típica francesa intelectual de izquierdas. Cuando en el último tramo la historia retoma el cauce del thriller judicial, Cuestión de sangre roza de forma ya peligrosa esa falta de verosimilitud que planea sobre toda la película. Pero McCarthy se mantiene firme en su decisión de no ofrecer las satisfacciones habituales que se esperan de este tipo de películas estadounidenses, tanto en la resolución del misterio principal (¿conseguirá Bill sacar a su hija de la cárcel?) como en lo que a la vida sentimental de los protagonistas se refiere.

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