El pasado presente

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

Un cubano llamado Roberto Pérez Fonseca, de 38 años de edad, fue condenado en Cuba a diez años de cárcel por haber participado el 11 de julio pasado a la primera manifestación que hizo comprender a los comunistas que hay gente con algo que ellos no tienen. La información fue dada por la Agencia France Presse. Es un aviso a navegantes, pensando en la manifestación del 15 de noviembre contra el poder establecido. El 15 de noviembre, la oposición, por lo visto gente joven y con ilusiones, quiere montarla en Cuba con manifestaciones, pero el gobierno no está dispuesto a consentirlo. Y nadie sabe qué puede pasar o dejar de pasar.

Porque, desde luego, a vista de pájaro y a ocho mil kilómetros, los manifestantes serán de todo menos aguerridos, quizá algún aficionado a la poesía, al cante o al folklore. Puede que haya gente de pluma. Estos días en que todos estamos en capilla –la bestialidad humana es—observo en esa revistilla de todos que se titula Facebook que algunos compañeros cubanos, de los buenos, de los que siempre han hecho del periodismo no una doctrina política sino un oficio honroso, noto en ellos mucha nostalgia.

Algunos cuentan su pasado, cuando tenían treinta años, hoy lejos y la Revolución era un objetivo. Cuando al mando de Fidel arremetían contra el enemigo, luchaban sobre todo con palabras y con ideas. Eran unos idealistas.

El tiempo ha transcurrido y las necesidades cotidianas han aumentado con los hijos y otras mil servidumbres. Y el periodista que con Fidel era un crio y que ahora ronda los 70 u 80 años, y que sigue en activo, recurre a la nostalgia para no perecer de asco y pesar.

Pero no crean que esos periodistas, algunos de ellos han encontrado trabajo en la prensa extranjera, son privilegiados. Tienen que hacer todas las colas del mundo para conseguir un gramo de lo que sea y esperar infinitamente delante de la puerta de la farmacia para ver si su medicamento ha llegado. Siguen siendo fieles a sus ideales.

Luego están los periodistas “oficiales”, los que no han hecho nunca periodismo sino simplemente propaganda imbécil que hace reír a medio mundo. Pero siempre hay lectores más imbéciles que ellos que se creen sus mentiras y así viven.

Afortunadamente, alguien inventó que yo llamo el pasado presente, un verbo que nadie declina salvo si la nostalgia te corroe. Lo usamos en el Este como en el Oeste pero está claro que en algunos lugares tiene más necesidad de existir.

Y así vamos tirando, aguantando, esperando, que ya es mucho decir. Porque este pasado tan poco agradable lo batimos con nuestros recuerdos de un pasado, a veces casi glorioso. Y entonces tratamos de vivir en este pasado presente.

Acurrucarse, refugiarse en una cueva, de nuestro más bonito pasado es la única manera de sobrevivir a un presente en el que puedes jugarte la vida por una pastilla que gente buena manda del extranjero pero que nunca acaba de llegar. Es una pastilla llamada Esperanza y se fabrican con la parsimonia necesaria.

 

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