Esos viejos que estorban

Sergio Berrocal | Newsoncuba

La habilidad primera de cualquier político que se respete es aprender a tomarle el pelo a los electores afirmando sin que se le alargue la nariz como al célebre Pinocho del cuento que lo que dijeron en una oportunidad es mentira. O lo contrario.En estos tiempos de pandemia rigurosa en la que las principales víctimas son los mayores, vamos los viejos, algunos observadores han recordado que en cierta ocasión Christine Lagarde, que fuera Presidenta del Fondo Monetario Internacional y después presidenta del Banco Central Europeo, habría dicho que “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo y ya”. No se atrevió a precisar que es porque cobran una pensión, fruto exclusivo de sus muchos años de labor. Es decir que para ella había que despojarlos de esos dineros que ahora se les entrega con toda justicia. Cuando se publicaron esas declaraciones –que fueron desmentidas rápidamente afirmando que Lagarde jamás dijo tamaña barbaridad que podría acercarla a las teorías nazis de exterminación–, hubo algunos desaforados que no creyeron que ella no había sido la autora…Pero hubo quien recordó que la señora Lagarde, que a la chita callando ya tiene 64 años de edad, lo que la sitúa entre los viejos, a punto de poder reclamar su pensión, tiene un pasado judicial un poco escabroso.En 2012, Lagarde había sido condenada por la justicia francesa “por negligencia en el desvío de fondos públicos”. Una bagatela. Había conseguido que siendo ella ministro de Hacienda de Francia se le “indemnizara” con nada menos que 529 millones de dólares a Bernard Tapie, un hombre de negocios muy conocido y reconocido por su habilidad, considerando los jueces que el Estado había actuado ligeramente en la venta-compra de una importante firma del beneficiado.

El encausado no era cualquiera ya que en otros tiempos llegó a ser ministro nada menos que de François Mitterrand, quien estaba muy orgulloso de representar en la política francesa lo más puro.Tapie había llegado a ministro después de haber sido hombre de negocios famosísimo (hacía él mismo spots televisivos para anunciar unas pilas que él vendía), dueño de un equipo de fútbol, el OLympique de Marsella y actor cuando le parecía y director de una academia donde se enseñaba el arte del comercio, “a su manera”, claro está.Aprovechó su extrema popularidad para ser en un momento uno de los hombres más en vista en Francia aunque también sufrió la humillación de que le embargasen un palacete muy bello y caro que poseía en el barrio Latino de París,

Sus líos con Chritine Lagarde se produjeron a causa de la compra de un negocio en el que había intervenido el Estado, representado por la que luego sería directora del Fondo Montetario Internacional. Siendo ya funcionaria internacional de alto rango, en el FMI y en el Banco Central Europeo, a Madame Lagarde se le ha atribuido esa frase sobre el peso que representan en la economía los viejos, es decir los ancianos jubilados que cobran una pensión ganada con el trabajo de toda una vida. La frase exacta que le atribuyeron los periódicos, aunque luego lo desmintiesen, es “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, y ya”.Pero el caso es que en estos tiempos de pandemia espantosa, da la impresión real y comprobada de que, efectivamente, los viejos molestan por doquier. Y eso que son los primeros en caer muertos por el bicho chino.

En los primeros momentos en que el coronavirus inició sus espantosos estragos en España, un alto cargo de la Sanidad Pública española tuvo la desvergüenza. sin pelillos en la lengua, de decir alto y fuerte, e incluso dicen que lo dejó por escrito, que los enfermos que ya están en esas edades del final no fueran admitidos en los hospitales especializado si había gente más joven que atender.Sin duda es por esto que FaceBook, ese chisme con aires de periódico que todo el mundo lee, publica día tras día oraciones que los firmantes dirigen a todos los santos para que los libre de la pandemia. Hay oraciones, promesas, bajo ilustraciones de muchos santos que tienen fama de ser milagrosos. Yo he encontrado incluso algunos que no conocía por esos menesteres.Y me imagino que en otros países ocurrirá lo mismo. Ante la ineptitud de quienes deberían cuidarnos, se clama al cielo y a sus representantes, con estampitas e imágenes que hasta ahora seguramente estaban metidos en un cajón en espera de la oportunidad de sacarlos para pedirles milagros.

 

 

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