Inenarrable e insoportable Gérard Depardieu

Sergio Berrocal | Newsoncuba

Tiene ya 71 años pero se cachondea de la vida como si no se le fuese a acabar nunca. Insoportable, talentoso, inenarrable, Gérard Depardieu es uno de los grandes actores del cine francés, probablemente el que queda de una estirpe que pasaba por una escuela de teatro de la Place St. Georges de París y de ahí saltaban a los escenarios, al cine. Belmondo, Rochefort , Alain Delon, son también de esa raza de actores que dieron al espectáculo francés una personalidad distinta.Siempre había sido indisciplinado, quejica, insoportable, pero cuando ya alcanzó la talla de un gigante, las carnes de un monstruito, el vozarrón y la impudicia de quien sabe que lo puede todo y que lo demás no tienen más que aguantarlo con un amén de sometimiento, ya fue el no va más. Pertenece a una generación de estrellas. Pero Alain Delon es más modosito, aunque con los años y el final de tantas aventuras… Belmondo procura sonreír siempre cuando hay un aparato fotográfico que lo puede delatar. Son actores, es decir seres insoportables porque han llegado al convencimiento de que en realidad no eran ellos mismos, sino todos esos personajes que interpretan. Y Depardieu ha interpretado tantos que no creo que ni él mismo sea capaz de contarlos. Cyrano de Bergerac fue uno de sus momentos de gloria, Asterix una caricatura de él mismo, supongo que para divertirse metiéndose de paso en el banco un montón de pasta. Danton, La pasión de Camille Claude. Todos son él.

De vez en cuando una anécdota. Le detienen por conducir borracho una moto. Y qué más da, me dirán ustedes. Estos endiosados creen que el mundo es de ellos, como los futbolistas, solo que piensan.Y ahora se ha retratado en la portada de uno de los mejores semanarios franceses, Le Point, sentado a horcajadas en una silla que parece tener problemas para soportar su mole, con una camisa azul, una sonrisa medio ebria, seguramente recuerdo de sus cacerías por las bodegas que ha tenido o tiene. Porque con él nunca se sabe. Y está descalzo, una chulería que cualquier director de una publicación tan prestigiosa solo puede permitirle a él. El pretexto de toda esta puesta en escena es que ha escrito un libro, “Ailleurs”, que seguramente tendrá ventas voluminosas. Pero los extractos que ofrece la publicación a sus lectores demuestran que si Depardieu es un gran actor nunca será ni un escritor para hacer de negro. Pero en el fondo escribe lo que le da la gana, como le da la gana y se queda tan contento. Pertenece a una generación de protestones, algo a lo Sarkozy. Podría haber sido sin duda un excelente diputado, subirse a la tribuna de la Asamblea Nacional y lanzar con su vozarrón teatral lo que le hubiese dado la gana. Considera más o menos que todo es una mierda. Patea a sus ex compatriotas los franceses, porque hace unos años en un momento de cabrero fiscal, renunció, o eso decía, a la nacionalidad francesa, y el camarada Putin, que es más listo de lo que la gente se cree, le dio un pasaporte ruso y probablemente una datcha para poder presumir de que Rusia era el refugio de tamaño personaje.

Confieso que me jode escribir esta crónica porque me fastidia, siempre me ha ocurrido, incluso cuando escribía en París para poder almorzar aunque fuesen siempre dos huevos duros con un café con leche en un bar barato y comprensivo.Me fastidia la gente que abusa de su fama, de su dinero, y de su todo, para mandar a la mierda a los demás. Y Gérard Depardieu juguetea con todo, porque sabe que su posición se lo permite. Que si los franceses “están cortados de la Historia” (¡!) Se pasan el tiempo dando vueltas… “Toda Europa ha salido de la historia” (nadie le pregunta que puñetas quiere decir, a menos que tenga un par de chatos entre pecho y espalda).

Entonces, el periodista que probablemente se aburre como un enano en un rascacielos oye que le dice: “Sí, podría haberme convertido al Islam. Cuando estoy en Arabia Saudí o en Argelia a veces voy a las mezquitas. Me encuentro muy bien en ellas. Yo no creo en Dios. Tengo fe pero en la naturaleza, en la belleza. Cuando estoy ante Charyn (un parque nacional de Kazajistán)… Es extraordinario de belleza”.Si quieren que les diga la verdad, estoy escribiendo a trompicones porque no tengo ninguna gana de hacerlo. Me fastidia un montón que un periódico que aprecio pero que tengo que pagar aquí en mi isla africana 5 euros30 el ejemplar no tenga algo más interesante que contar. Les pasa probablemente como a mí. No tienen otra cosa para llevar a la imprenta.

Pero que Depardieu ocupe una portada cuando estamos inmerso en una espantosa pandemia y que todos sabemos que su máximo responsable (el rey de los chinos, allá en Pekín) podría exhibirse en ese mismo lugar, dan ganas de destrozar las páginas. Por cierto, Depardieu no dice nada o casi nada del coronavirus, salvo con cachondeo. Quizá porque también tiene pasión por esos chinos que nos han condenado a muchos de nosotros a muerte, una muerte cruel y despacito.Vete al carajo, Depardieu y métete en una mezquita a ver si por lo menos despiertas a la realidad del mundo y te dejas de jugar al escritor y al predicador.

 

 

 

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