La desesperación de sobrevivir

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

Aunque el bicho no se fue todavía, ha salido el sol después de una noche correosa donde los recuerdos se mezclaban con el miedo. Ahora toca escribir, porque es una forma de vida que los que pertenecemos a esta tribu tenemos. Escribimos porque vivimos todavía, sufrimos para vivir y ahora morimos lentamente, embriagados de recuerdos, rodeados de esos testigos invisibles de lo que fuimos. Esta mañana me levanté con dolor de cabeza y la angustia de la muerte, como muchos días. Me abalancé hacia mis pequeñas pastillas y las chupé con té. Me ha tocado vivir estos episodios internacionales del más vil asesinato colectivo de los chinos en esta isla tan bonita a ratos, oyendo cosas increíbles. Los españoles han adoptado una ley para quien quiera quitarse la vida voluntariamente rodeado de un cierto confort de muerte, es lo que llaman la eutanasia. Y lo ha hecho precisamente en este momento tan trágico, donde las tumbas de los cementerios siguen abiertas día y noche, de guardia. Para más inri, tamaña cosa se les ha ocurrido a los diputados españoles cuando se conmemoran los terroríficos atentados que sacudieron a Madrid el 11 de marzo de 2004, en una serie de ataques terroristas atribuidos a Al Qaida en los trenes que llegaban aquel día a Madrid con su cargamento de trabajadores de las afueras. Una matanza pasmosa.

Qué extraño país España. No tienen bastante con la pandemia y agregan un zumito de recuerdo espantoso de aquellos terroríficos corta-vidas y una mijita de recuerdo de que ahora puedes pedir ayuda para quitarte la vida que ya te pesa demasiado de la forma más legal del mundo. Los españoles siempre han tenido el sentido del humor macabro y sus gobernantes a veces razonan con la misma clarividencia estúpida que los grandes asesinos de la historia universal. Aquí estamos esperando. Con pastillitas de todo tipo y todas encaminadas a sedarte la conciencia para que no pienses en los bichos chinos.

Supongo que será la década de los médicos que tuvieron la cordura de dedicarse a explorar las cabezas de sus conciudadanos. Aumentan los anuncios por palabras de psicólogos, psiquiatras y hasta de mini clínicas donde puedes refugiar todas tus angustias o parte de ellas por una suma que seguramente es todo menos módica. En mis tiempos, en el París de los años sesenta, estaban muy de moda entre la gente pudiente, sobre todo los hombres, lo que se llamaban las curas de sueño. Eran clínicas con un personal exquisito donde entrabas para que te apartasen de la vida insoportable durante una media de quince días, a base de drogas.

Te despertaban para comer, ir al baño y cualquier otra necesidad y seguías durmiendo, evadiéndote de todos los horrores de tu vida. Ahora necesitaríamos cientos de clínicas como esas, que no dudo vayan a aparecer como por arte de magia, para ayudarte en la travesía del coronavirus. Porque aunque muchos no se lo crean estamos atravesando un mar de espantos de cuyas aguas tratamos de resguardarnos como podemos. Unos, los más pobres, nos refugiamos en casa y nos negamos a salir a la calle y nos alimentamos de la farmacopea para cabezas rotas, y los que pueden me supongo que se meterán en esas clínicas que empiezan a florecer. Lo que está claro, los médicos lo certifican, es que nadie saldrá indemne de esta pandemia, incluso si el bicho no nos devora. Con mucha suerte, entraremos y saldremos de las manos de los especialistas en enfermedades mentales hasta el fin del olvido. Porque al miedo del bicho se ha agregado ahora, en España por lo menos, el temor a que no te vacunen. Porque prometieron vacunar a todo el mundo, como han hecho los ingleses y los israelíes, y ahora resulta que los cargamentos de vacunas se esfuman en manos de bandidos de guantes blancos que los llevarán Dios sabe dónde. Y te quedas esperando a que vuelvan a traer más-

Y como para tranquilizarte más, llegan noticias que en un par de países europeos han suspendido una vacuna determinada porque provocaba a lo largo la muerte. Cómo será la angustia que recientemente apareció un anuncio ofreciendo un crucero lindo a Cuba en el que incluían la salvadora vacuna. Los cubanos lo han desmentido inmediatamente. Al parecer era una copia de un crucero real que te lleva a los Emiratos Arabes en avión de lujo, pasas unas lindas vacaciones y te vuelves a tu casa debidamente vacunado. Todo eso por solo cuarenta mil euros…

 

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