La imparable peste china

Sergio Berrocal | Newsoncuba

De pronto, aparecieron los coronavirus que parecían llovernos encima, como si algunos dioses chinos quisieran castigar a los occidentales. Empezó a llover y a llover y mientras las calles de todas las ciudades del mundo se inundaban sin remisión de esos bichos extraños que nadie ha visto, los virólogos seguían atentamente el curso de la pandemia que desde hacía ocho meses engullía miles de personas a diario.El primero en darse cuenta de que algo anormal estaba sucediendo fue un virólogo de poca monta, al que apenas si le habían hecho caso desde que apareciera en Occidente el coronavirus, directamente llegado de la ciudad china de Wuhan.Aquel ente tuvo desde los primeros momentos un efecto devastador. Lo que algún especialista español consideraba como algo muy pasajero y mil veces menos peligroso que una vulgar gripe, se había convertido rápidamente en una pandemia atroz. Hospitales llenos, médicos, enfermeras y cualquier ayuda sanitaria desbordados. Era una catástrofe que se había instalado para durar.Nadie sabía de remedios. Solo que los observadores empezaron a odiar aquel rostro impenetrable y altivo, el de Xi Jinping, jefe supremo de China que ni siquiera se había molestado en excusarse ante el mundo por aquel virus que se había “escapado” de sus tierras.En el séptimo y octavo mes, el presidente de Estados Unidos, que hasta entonces había estado muy calladito, mirando de reojo a las bolsas, porque estaba claro que podía perder su combate más feroz contra China, que, según especialistas occidentales, estaba dispuesto a tragarse a Occidente fuera como fuese, montó en cólera y dijo en Naciones Unidas que había que pedir responsabilidades a China. Silencio de todos los demás países, demasiado asustados y ocupados. Y finalmente demasiado acobardados.

Porque la pandemia no era únicamente un hecho sanitario. Estaba arruinando todas las economías del mundo. El paro en los países más débiles, como España, adquirió tremendas proporciones y al octavo mes las colas delante de las organizaciones caritativas que repartían alimentos era espantosa.Entonces fue cuando la Casa Blanca dio la alerta. El presidente Trump había tenido que ser trasladado de urgencia al más prestigioso hospital militar de los Estados Unidos, víctima del coronavirus. No había que ser muy supersticioso para fijarse en la “casualidad” de que su hospitalización se produjera poco después de que el presidente de Estados Unidos se dirigiera a China pidiendo venganza…Fue entonces cuando muchos recordaron aquella película norteamericana, “Vinieron las lluvias”, (The Raims Came, 1939), en la que la India es asolada por inundaciones catastróficas. Entonces, pero era película claro, llega Rama, un indio que ha estudiado medicina en los Estados Unidos y se dedica cuerpo y alma a sacar a su país de aquella situación. El indio es Tyrone Powers lo que daba más esperanza al pobre espectador que veía desfilar en la pantalla aquellas imágenes catastróficas. Y la heroína, nada menos que Mirna Loy.

Pero nosotros no tenemos lluvia ni Tyrone Powers que acudan a salvarnos saltando por una pantalla de Hollywood.Un periodista alemán, Kai Strittmatter, que ha pasado catorce años observando la vida de China in situ, sacó hace pocos meses un magnífico libro “Dictadura 2.0. Cuando China vigila a su pueblo (y mañana al mundo)”. Curiosamente este libro ha sido editado con cierto bombo por una de las editoriales más poderosas de Francia, Tallandier, pero en España por ejemplo no he encontrado la menor traza. ¿Será que ha habido intervenciones siniestras para impedir su difusión? Porque el alemán se muestra muy categórico apoyándose en sus propias observaciones.

Les ofrezco lo que escribí hace unas semanas cuando el libro salió de la editorial. Hace tiempo que el mito de la China de Mao Tse Tung, la China aislada del mundo, la que conquistó el universo con un librito rojo, se ha acabado. Ahora manda Xi Jinping, un antiguo ingeniero químico que no tiene más objetivo que la conquista del mundo por su país, de donde casualmente vino el coronavirus que ha arruinado a Occidente.

“Xi –dice el autor—se ha dedicado a destruir los gérmenes de sociedad civil que habían hecho que China fuese más viva durante los años anteriores. Le ha callado la boca a Internet al mismo tiempo que a una prensa que se movía más de la cuenta… Xi ha dictado leyes draconianas para tapar la boca a aquellos que habían intentado utilizar los textos de ley china para proteger a los ciudadanos contra el Estado…”Dice el autor del libro que el objetivo del nuevo año es callar a la gente. Que no hable más que él (Xi Kimping) y que no se haga más que lo que él mande. Su objetivo: obediencia total … Los abogados defensores de los derechos humanos han sido las víctimas preferidas… La detención en masa de abogados (chinos) en 2024 han sido acompañadas de la mayor campaña de denigramiento mediático de la historia reciente”.

“Hace tiempo que China se encuentra, detrás de los Estados Unidos, como segundo a la hora de los gastos de desarrollo e investigación… Ningún país puede rivalizar con las ventajas que presenta China. La gente (se supone que los chinos) efectúan cincuenta veces más pagos con sus teléfonos portátiles que en Estados Unidos”. Y Xi Jinping no tienes pelillos en la lengua. En 2018 lo había dejado bien claro: “La profundidad de la reforma y del desarrollo del Instituto Confucius deben concentrarse en la construcción de una nación cultural socialista fuerte de obediencia china”.Hay una parte importante que el autor dedica a la importancia del cine. Es sabido que los Estados Unidos tienen en sus contratos comerciales la cinematografía como artículo esencial, indispensable para cualquier negociación con el extranjero. Aparentemente eso no se le ha escapado al líder.

“Lo más visible –afirma el autor—son las inversiones realizadas en Hollywood donde se cuenta una oleada de coproducciones con China pero igualmente frenéticas compras por parte de los jefes de empresas chinas, en particular le Dalian Wanda Group. No solamente adquirió en 2012 AMC, la mayor cadena de difusión en salas de cine de los Estados Unidos y cuatro años más tarde Legendery Entertainnment, el estudio de Hollywood que ha producido entre otras las series “Batman” y “Jurassic Park”… El PCC quiere que su industria cinematográfica deslumbre en Occidente para tener algo que oponer al soft power hollywoodense. Y el objetivo es conseguir que China sea de aquí a 2035 “una gran potencia cinematográfica mundial, al mismo nivel que Estados Unidos”.

(Está demostrado y más que probado que el país que sabe manejar la imagen, cine o tv, tiene una gran ventaja en todos los niveles. Es la mejor manera de vehicular publicidad. EEUU lo demostró cuando rodó “Casablanca” (1942), que le ganó más partidarios a la causa contra Hitler y en realidad contra todo lo que no fuera pronorteamericano que cualquier otra alta operación diplomática).

“Por encima de él no hay más que el cielo: Xi Jinping concentra hoy día un poder más importante que el mismísimo Mao. En el interior del país, China está convirtiéndose en un estado de vigilancia numérica perfecta. Las tecnologías más modernas, en particular la inteligencia artificial, propulsan la economía china hacia el futuro. Recogen, unen y explotan en gigantescos bancos de datos cada paso y cada pensamiento de más de mil millones de ciudadanos y de todos los visitantes. ¿El objetivo? El control total del Partido (Comunista Chino) sobre todo y todos. Como ejemplo está el llamado “crédito social”, un sistema inédito fundado en los puntos que da la llamada oficina de fiabilidad. De este modo emerge una China nueva, desafío directo para nuestras democracias que importan masivamente sus tecnologías”.

Ese alarde de aparatos capaces de controlar todo lo que ocurre en China en cualquier minuto, afirma el autor del libro, está destinado a engañar a los chinos y meterles en la cabeza solo lo que el líder quiere y nada más. Está dispuesto a gobernar por la mentira y con la mentira.

El líder chino tiene 67 años, un hombre joven, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría de sus principales enemigos, los presidentes de Estados Unidos, suelen ser mayores y mal preparados para cumplir un objetivo como el que Xi Jinping se propone: la conquista del mundo, que ya ha empezado con manejos en las bolsas del mundo que ha preocupado mucho en Wall Street.

Mao, el líder comunista más hábil del mundo, un perfecto embustero, además, le dejó en herencia un pueblo de esclavos, que el viejo comunista amaestró de las formas más viles que supo. La famosa Revolución cultural, que fue una forma espantosa de deshumanizar a la gente, empleando métodos de los más humillantes que pueda verse, fue su triunfo. Seguramente porque los chinos, o eso cabría pensar, están hechos de otra pasta. Y el que ayer era el adorado profesor emérito en Cosmología se convertía en la Revolución Cultural en un burro de lo que dejaba constancia el cartelón que le obligaban a pasear día y noche, hasta que les diese la gana, los guardias rojos y otros verdugos a las órdenes del viejo y perverso Mao, el mismo que hizo creer a todo su país, caído en hinojos, que había atravesado a nado el dificultoso rio Yantseng.

Este pueblo acostumbrado a la bala en la cabeza que luego pagará debidamente certificado la familia del condenado, es el que aparentemente quiere utilizar el nuevo Líder con cara de hombre moderno y que parece eternamente vestido por Armani, para conquistar el mundo.El coronavirus que está destruyendo las vidas y las haciendas del mundo occidental salió, no se sabe cómo, de China, eso es indiscutible. Pues el camarada Jimping no ha tenido ni siquiera la delicadeza de presentar excusas. También es cierto que Donald Trump, que al principio parecía a pelear, se calló y no ha pedido más explicaciones sobre el bicho. ¿Se escapó de un mercado, versión oficial, o de un laboratorio militar, versión popular?Li- Meng Ya, viróloga china refugiada y escondida en Estados Unidas, declaró recientemente que el coronavirus había salido de un laboratorio de Wukan, ciudad que las tropas chinas vigilan y controlan estrechamente.Yo diría que lo que dice el periodista alemán se está verificando, pero en Occidente estamos demasiado ocupados con la pandemia como para entrar en un análisis más profundo.

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