José Mújica advierte: “La pandemia me está echando (de la política)”

Sergio Berrocal | Newsoncuba

Y, de pronto, José Mújica, 85 años de edad, expresidente de Uruguay, un hombre de bien, de los que merecen el Nobel a cualquier cosa, pero los nórdicos los prefieren presidentes de Estados Unidos y negros, casi con la voz rota explica porque se va de la política, porque se tiene que ir, y abandona su último bastión político, el de senador: “Me está echando la pandemia”.Silencio en la sala. No sabes dónde meterte. Se va porque le tiene miedo al coronavirus amablemente cedido a Occidente por los chinos, ya que él padece una enfermedad inmunológica y la combinación con el bicho ese podría serle fatal. Y entonces te acuerdas de los kamikaze que en el mundo entero –cuando ya se han contabilizado más de un millón de muertos, y lo que no se sabe—prefieren ignorar las pautas que les da la autoridad que nada entiende de medicina para resistir al bicho y se lanzan en febriles zarabandas en bares y otros establecimientos cerrados para evitar la policía. Y se emborrachan, y bailan, y se besan, adiós mascarilla, porque quizá están desesperados. Y olvidarse. O tal vez quieren morir luchando imbécilmente. Suicidios de desesperación. En España, uno de los países donde los ataques del coronavirus son más implacables (más de 35.000 muertos hasta hoy, que se sepa porque los políticos mienten cada vez que hablan) es también el lugar de Europa donde se detectan más fiestas clandestinas, botellones, y toda clase de actividades prohibidas para frenar la pandemia. Una parodia a la Scott Fitzgerald. La verdad es que todo es mentira. El virus que nos ataca implacablemente lo prueba. En la mayoría de los países, la pandemia se combate en función de sus avances. Pero aquí es otra cosa. Es España. Este pasado sábado, el primer ministro socialista, Francisco Sánchez, no vaciló pese a su ateísmo en ir a postrarse a los pies del Papa de Roma para ganarse al electorado cristiano. En España, los políticos juegan a ese juego de a ver quién la tiene más grandes, sin tener más consideraciones que sus intereses, su ego y pare usted de contar.En el Parlamento no se habla de remedios que deberían estar surtiendo efecto, no se dice una palabra de estrategia contra el mal chino, se pelea, se trata de ganar puntos para que la coalición socialo-comunista pueda quedarse en el poder pase lo que pase. Todo es una mentira clamorosa. Ni siquiera `puede aplicarse aquel refrán o dicho de a Dios rogando y con el mazo dando. En la política española es el mazo político el que se utiliza en todas las secciones y los encargados de la pandemia, el ministro de Sanidad estudió Filosofía, el virólogo principal dicen que no terminó convenientemente sus estudios… En resumidas cuentas, España enfrenta al peor mal que le ha aquejado jamás mal armada y con improvisaciones, hoy te cierro una ciudad, mañana otra y como el país está dividido en 16 regiones con sus propios gobiernos, es una papeleta cuyas consecuencias paga la gente. La prensa extranjera, el último el Financial Times, aúlla ante la incapacidad y la dejadez.

La pandemia ha dado un frenazo casi mortal a la actividad comercial. España es el país que más tabernas tiene en el mundo y por lo tanto en su principal actividad. Miles y miles de españoles viven del servicio a esos locales. Si los cierran, como ya está ocurriendo para evitar juergas y otras actividades que ayuden a la pandemia, es la ruina.España está en quiebra. Lo saben en la Unión Europea, en el Fondo Monetario Internacional. Pero los responsables del gobierno no hacen más que aumentar sus gastos (más de diez coches para un ministro) sin aportar ningún remedio. Hay sesiones del Parlamento en las que no se habla de coronavirus ni de chinos. La única obsesión de sus Señorías es ganar puntos para sus partidos con intervenciones a palo limpio. Por supuesto que los principales industriales del país, los de cafeterías, bares, cabarets, restaurantes, etc. protestan y juran que les están arruinando. Algunos, otros dicen que muchos, han tenido que echar el cierre ya que les es imposible pagar personal y obtener beneficios. Y lo peor son los hoteles, que se llenaban hasta la bandera en cualquier época del año de turistas atraídos por el buen tiempo. La mayoría ha cerrado y los que quedan se nutren de mucha esperanza y de alguna subvención de alcaldías y organismos gubernamentales varios.

Para colmo de males, todos los días llegan a las costas españolas decenas de migrantes, procedentes en barcazas de Marruecos, Argelia y el resto de África del Norte. Al parecer, los amos de esos países, en primer lugar el rey de Marruecos, Mohamed VI, exquisito monarca y multimillonario al que le dan asco todos esos pobres, sobre todo jóvenes, que no sueñan más que buscar la manera de atravesar el estrecho de Gibraltar para colarse en Europa, quieren librarse de esa morralla y les dan acceso al mar. Lo peor es que corren rumores, parcialmente confirmados, de que estos refugiados cobran un sueldo que les da el gobierno español mientras estén en tierras españolas. Y, entretanto, las colas en los centros caritativos son inaguantables. Ya no es que cientos de miles de españoles busquen un plato de comida sino que los lugares donde se almacenan los productos recogidos de todas las tiendas y grandes almacenes que quieren contribuir con sus donativos, están medio vacías debido a la demanda tan fuerte.

Algunos observadores prevén hambruna pura y simple. El gobierno promete subsidios que no da y ocurre incluso que una clase de trabajadores, los trabajadores por cuenta propia, los autónomos, tienen que pagar casi 300 euros de cotización al Estados todos los meses. Noventa por ciento de estos artesanos llegan a final de mes sin haber ingresado un duro, porque nadie tiene trabajo que dar. Y los que no pueden más cierran. Y se quedan sin seguros sociales ni cualquier otra ventaja que le asegura la Constitución. Las escuelas y las universidades son una catástrofe. La ministra de Educación ha resuelto a su manera parte del problema al no exigir el examen de fin de curso a los que terminan bachillerato, y se calcula que pronto hará igual con los universitarios, para evitar la paralización de la enseñanza. Y de este modo, España tal vez no esté en los últimos lugares en las listas de la enseñanza en Europa, después del último país más pobre de Europa.Pero pese a multas y advertencias, las juergas clandestinas no se paran. Hace unos días, la policía detuvo en un bar con unas copas en el cuerpo y otra en la mano a la ciudadana Francina Armengol, mujer joven y de muy buen ver, que ocupa nada menos que el puesto de Presidenta de las Islas Baleares. Desesperación hasta en la alta sociedad.Comprenderán ustedes que con estos ejemplos, los ciudadanos de a pie siguen con sus juergas, por mucho pandemia que haya. Y es terrorífico cuando un hombre que ha conocido todas las canalladas que puede ofrecer la vida, hasta las cárceles más siniestras, José Mújica, una de las personalidades más entrañables del panorama mundial, dice en pleno Senado que se va de la política porque le echa el coronavirus, que le sería mortal en combinación con una enfermedad que padece. Entonces, aunque escuchen estas palabra, sabias y prudentes, los kamikazes siguen pensando probablemente, sin mayores consideraciones, que vivir un poco menos pero a gusto, con la cabeza llena de ese alcohol que hace olvidar todo, es preferible a esperar en casa que el bicho legado por los chinos te eche mano.

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