Novela larga, novela corta

Sergio Berrocal | Newsoncuba España

Hay días que uno se levanta con el ying y el yang jugando al pingpong, que de ninguna manera inventó Mao Tse Tung. Hay días en que amanece como las noches, majadas de amenazas de sueño poco recomendables para despertar. Hay días que anuncian el sol y las estrellas pero que no prometen nada porque la Meteorología es sin duda la ciencia menos exacta. Hay días que me pregunto por qué no me presento a tal premio de novela organizado por un Premio Nobel que un día fue compañero mío de Redacción. Sencillamente porque la amistad quedó atrás y ya se ha borrado todo lo que ya no le sirve al laureado. Este año dicen que probablemente lo gane un excelente autor cubano, pero será curioso observar la reacción de La Habana. Porque el Nobel fue en tiempos furibundo castrista y luego cambió el piñón de su pensamiento político y ya no quiere ni oír hablar del régimen cubano. Mi problema es que llevo muchos años tratando de que mi novela corta alcance las 127 páginas que hicieron célebre a Ernest Hemingway. Esa novela, El viejo y el mar, podría haber quedado simplemente como “la” novela corta del autor de tantos éxitos. Pero dio la casualidad de que esas 127 páginas cayeron en manos de la revista Life, que en 1952 era la biblia del periodismo mundial, por la belleza de sus fotos y la profundidad de sus textos. Dicen que se vendieron más de cinco millones de ejemplares (inimaginable hoy día, aparte la Biblia) de aquella edición tan original, puesta que sacada por una revista, de El viejo y el mar. En los años de pandemia, la novela corta es un género reservado a un cierto elitismo pero que no hace ninguna gracia a los editores, salvo si la ha escrito una celebridad o si el autor tiene algún amigo poderoso en una editorial. Hoy se exige paginación, que lo publicado tenga enjundia, porque la mayoría de la gente utiliza el solo libro que compra en el año para leerlo plácidamente en la playa, ojeándolo solo en caso de aburrimiento o de mal tiempo. Por lo tanto, descartemos la novela corta. Sin contar que una novela de 500 páginas puede costar en Francia 26 euros y mi última novela corta, La muerte de la hija, que solo tiene 96 páginas, está en las librerías al precio de 20 euros…De pronto viene una ráfaga de angustia y soledad que te pega de lleno, como un gancho en plena mandíbula en los tres primeros segundos del asalto. No tienes tiempo de llegar hasta la pastilla salvadora. Poco a poco te deslizas en ese mundo angustioso no puedes hablar, ni siquiera respirar. Y nunca sabes por qué. Todas son ideas malas, de esas que conducen rápidamente a la asfixia de todos los sentimientos. Necesitamos que un coro de ángeles de los que según dicen los brasileños cada uno tenemos uno para protegernos día y noche, salgan con sus espadas de fuego para matar los malos pensamientos.

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